Levantó su mano y como cuando se ve la luz al final del túnel, se deslizó entre sus dedos para dejarse ver, y mostrar que, poco a poco comienza a iluminar su rostro, comienza a tapar ojeras y a secar lágrimas.

Me enseña que la luz aparece entre mis dedos para mostrarme que ahí está a pesar de lo cubierta que estuvo hasta ahora, a pesar de todas las tormentas y días grises. Asegurándose que tras un invierno terrible viene un verano invencible, como siempre me avisó mi poema favorito.

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Nunca esperé que esas palabras me dieran tanto que pensar. Nada en la vida es casual, sino causal, la vida nos para por algo, dijo. Y así, sólo así, todo tuvo un poquito más de sentido.

Tras meses cual trapecista en la cuerda floja, en enero estuve a punto de caerme, y, parece que, casi en marzo llego al final de esta cuerda. Hoy más firme, con las ideas claras. Y voy, así, volviendo a lograr mi equilibrio, aquel que perdí en el centro de esta cuerda.

Me dijo: no te apenes por nuestra distancia, alégrate por lo cerca que estoy. Intento, ahora, medir lo cerca que estás aunque nunca hasta hoy me hizo falta este metro.

Llegaste, invierno, con la más cruda de las tempestades, como casi todas las cosas de la vida, sin avisar. Apareciste un 24 de enero y me pillaste sin abrigos, con lo puesto y sin paraguas para poder soportarte.

Un invierno helador, que atascó todas mis carreteras y ni las quitanieves pudieron pasar, mi propio invierno. Un invierno que, incluso, me hace extrañar aquello que otros llaman invierno.

Me obligaste a recordar mi otoño, a anhelarlo y a imaginar la primavera que vendrá, aún sin saber cuándo. Me obligaste a convertirme en piedra, tan grande que ni tus propias tormentas pudieran moverme, pero, no te lo niego, estás consiguiendo tambalearme. Intento, sin éxito, anclarme a la tierra y has decidido, ante todo, cubrirme con tu nieve.

Como una frase de una de mis canciones favoritas, “the light doesn’t blind you at all, it just helps you see”. 

Y solo espero, invierno, que tú me ayudes a ver, tan claro que los primeros versos de “Mis noches de autocastigo” se hagan siempre realidad.

Una vez más, te seré sincera, me ha costado volver a encontrarte.

Como si alguna vez te hubiera dejado de lado, no te engañes, siempre estuve ahí.

Pero, ahora que todo iba a mil por hora, es como si, de repente, se hubiese parado, los latidos del corazón aminoran su velocidad, el semáforo se pone en rojo, el tiempo deja de medirse en minutos, el tiempo empieza a medirse en momentos. Momentos de fuerza, de sonrisas, momentos de flaqueza, de lágrimas.

Y, siempre fuiste mi bálsamo contra el mundo, contra injusticias y heridas, como aquel amigo que te mira, te escucha y te abraza. Mi bálsamo.

Así, en este mundo mucho más grande que la propia Tierra, te he vuelto a encontrar como si alguna vez pude haberme olvidado de ti. Nunca lo hice, pero, esta vez sí, has congelado mi tiempo.  Dudo, sin embargo, en si darte las gracias o pedirte explicaciones. Supongo que lo necesitaba, que alguien lo quiso para mí, que me vendrá bien.

Hoy, me engaño al pensar que todo este tiempo sin ti me fue bien. Te he extrañado, ahora me doy cuenta. No estoy orgullosa de que me haya costado volver a encontrarte, en cierta manera me avergüenzo. Pero, como siempre supe y sabes, sigues aquí. Ya sabes, en ocasiones lo urgente hace que una se olvide de lo importante.

Y, una vez más, como sin querer, vuelves a empujar mi corazón para aguantar, si cabe, un poquito más.

La cogí. Era dorada e imperfecta.  Sobre ella caía un chorro de chocolate que culminaba con un corazón de chocolate negro en la punta. La olí. Dudé por un momento si era casera o, sin embargo, la habían comprado en algún supermercado.

Miré el papel que la cubría. Lleno de imperfecciones. “¿Por qué?” Me pregunté. ¿La habrían horneado demasiado?  o ¿se habría aplastado junto con otras en un paquete?. Lo intenté adivinar. Lee el resto de esta entrada »

Que me sirva para pararme a pensar, para valorar. Que me sirva para sonreír y para fijarme más. Que me sirva, sólo a mí. O que te sirva a ti, quien sabe, para hacerte parar a pensar en los porqués. Por qué te levantas o por qué les saludas, por qué te sientes bien o tal vez mal. Lee el resto de esta entrada »

Salí. Sin saber muy bien dónde quedarme, dónde parar. Mismo lugar, pero distintas sensaciones. Nervios y expectativas por lo que vendrá.

Enfrente, aquel quiosco que había visto abrir unos meses antes. Quiosco con olor a nuevo. Todavía no se había impregnado de ese olor a chicle y papel con el que otros perfuman las calles más transitadas de la ciudad. Quiosco siempre vacío, quizás aún desconocido.

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Abrí aquella lista de canciones que recopilo desde 2008. Play. Lee el resto de esta entrada »

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